San Juan el Bautista
La humildad de quien prepara la venida del Mesías esperado
Por Jorge Luna
En este mes en que celebramos el Tiempo de Adviento, vemos que aparece ante nosotros la figura de Juan el Bautista que nos llama a la conversión.
Para conocer más quien fue Juan el Bautista nos toca remitirnos a lo que nos relatan los Evangelios. En los relatos de la infancia de Jesús el Evangelista Lucas nos narra que Juan Bautista fue hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel (Lc. 1,5) y que su nacimiento e importante misión fueron anunciados por el Arcángel Gabriel.
El anuncio del nacimiento de Juan es solemne. Se realiza en el marco litúrgico del templo. Asímismo, San Lucas nos sugiere que el nacimiento del Bautista ocurrió medio año antes del de Jesús (1,36). Y fundándose en una antigua tradición, mencionada por primera vez por el diácono Teodosio (De situ Terrae Sanctae) entre los años 520 y 530, algunos ponen el lugar de su nacimiento en Aín-Karín.
Juan nos prepara el camino
Vemos en detalles como la designación de su nombre, “Juan”, que significa “Yahvé es favorable”, apunta hacia la preparación divina de aquél a quien el Señor ha elegido.
Su llegada no pasará desapercibida y muchos se gozarán en su nacimiento (Lc 1, 14); se abstendrá de vino y bebidas embriagantes, será un niño consagrado y, como lo prescribe el libro de los Números (Num 6, 1), no beberá vino ni licor fermentado. Juan es ya signo de su vocación de asceta. El Espíritu habita en él desde el seno de su madre. A su vocación de asceta se une la de guía de su pueblo (Lc 1, 17). Su vida estuvo marcada por la oración, el ayuno, el silencio y la convivencia con sus discípulos (Hch. 2:4; 4:8, 31, etc.). Al parecer la fecha aproximada del inicio de la actividad pública del Bautista estaría en torno al año 28 de nuestra era.
Al comparar los Evangelios de Marcos, Mateo y Lucas vemos que el Bautista aparece por primera vez en el desierto, donde predica el bautismo de penitencia para la remisión de los pecados. De la misma manera, los evangelistas nos cuentan el contenido de su predicación. En los evangelios también encontramos el testimonio de Juan sobre el Mesías y la narración del Bautismo de Jesús. En esta acción, el bautismo de Juan es aceptado por Cristo. Juan muy consciente de su indignidad, accede a la petición del Señor a fin de que ambos «cumplan toda justicia».
Juan bautizaba en el Jordán, en Betania o en Enón, junto a Salim (Jn. 3, 23). Y es el Evangelista Juan el que nos cuenta el testimonio que el Bautista dio sobre sí mismo, negando ser el Mesías, pero declarándose precursor suyo; Juan, también nos narra (1, 29-34) el encuentro del Bautista con Jesús.
En los relatos vemos como Juan va creciendo poco a poco en su relación con el Mesías anunciado y después de contar las discusiones entre los discípulos de Juan y los de Jesús, Juan remite finalmente sus discípulos a Jesús, “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”
Juan Bautista se definió a sí mismo como la “voz que clama en el desierto” y llamó a los que lo escuchaban a “rectificad los caminos del Señor” (Juan 1, 23) Con estas palabras Juan estaba cumpliendo expresamente una profecía de Isaías (Mateo 3, 1-4, Lucas 3, 4-6, Isaías 40, 3-5). Marcos 1:1-4 une a ésta el cumplimiento de otra profecía, de Malaquias 3,1.
A parecer el surgimiento de Juan Bautista como un nuevo profeta originó un creciente movimiento popular que Herodes Antipas miraba con grande inquietud sobre todo porque Juan reprendía abiertamente su comportamiento moral. A raíz de esto Herodes hizo encarcelar a Juan y le mandó a ejecutar.
Estando en la cárcel, Juan envío a Jesús un grupo de discípulos para preguntarle si efectivamente era el Mesías. Después de su ejecución, Juan fue enterrado por sus discípulos.
Figura de la preparación
El adviento es un tiempo en el cual nos preparámos de manera especial para la venida del Señor, y quién mejor para ayudarnos a esa preparación que Juan el Bautista. El que fue el llamado a preparar la senda del Señor tal y cómo él mismo lo proclamó.
Y la manera en que Juan llamó a sus contemporáneos a prepararse para la venida del Señor Jesús no ha perdido vigencia: “Enderezad vuestras sendas”, “Rectificad los caminos del Señor”.
Juan el Bautista se presenta ante nosotros exigiendo y actuando, Él es el que llama con todo rigor a la conversión, a transformar nuestro modo de pensar. Quien quiera ser cristiano debe “cambiar” continuamente sus pensamientos, como también lo menciona San Pablo. Nuestro punto de vista natural es, desde luego, querer afirmarnos siempre a nosotros mismos, pagar con la misma moneda, ponernos siempre en el centro. Pero como lo mencionaba el Papa Benedicto XVI: “Quien quiera encontrar a Dios tiene que convertirse interiormente una y otra vez, caminar en la dirección opuesta. Todo ello se ha de extender también a nuestro modo de comprender la vida en su conjunto”.
El Adviento es un tiempo especial para volver a lo esencial, a lo sencillo, a lo que de verdad es importante en nuestra vida, y para ello tenemos que acoger el llamado del Bautista a revisar nuestra vida, a revisar la manera en la cual entendemos las cosas y la manera en la que actuamos, y para eso debemos limpiar nuestro corazón mediante la oración, el ayuno y la caridad.
Acojamos pues este llamado a convertirnos a dar una nueva dirección a vuestra mente, disponerla para percibir la presencia de Dios en el mundo, cambiar nuestro modo de pensar, considerar que Dios se hará presente en el mundo en vosotros y por vosotros.
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