Paradojas felices de Navidad
Regocíjese cielo y tierra que nos ha nacido un Salvador
Por Gonzalo Banda Lazarte (*)
Llega Navidad, y tal vez ésta nos encuentra contentos, o quizá tristes y con muchos problemas tras nosotros. Quizá nos encuentra con un familiar enfermo o recientemente fallecido, o con un bebé por nacer o recién nacido que es nuestra esperanza y la niña de nuestros ojos. Quizá nos encuentra enamorados o tristes por una reciente ruptura.
Cuando llega Navidad, muchas son las cosas que pasan por nuestra cabeza, o estamos con alegría o tal vez con dudas y el corazón desvalido, decimos: mmm...bueno Navidad pues... ¡Caramba¡ ¡Navidad ha llegado!, ¿a qué vienen las caras largas y el mal humor, el rencor y la duda, la angustia y el desánimo?
Navidad es el momento donde lo inaudito ocurre, donde Dios va a sorprender al hombre como nunca antes lo sorprendió. El cuerpo frágil de un bebé indefenso cobija al mismo Dios que encuentra posada entre buey y asno, el Eterno ha entrado en el tiempo, el misterio más grande de todo el universo ha sido revelado con la sencilla claridad de una estrella, no hay palabras que puedan describirlo, no existe parangón suficiente para explicarlo, Dios viene a quedarse a nuestro lado hasta el día sin final.
En esta hermosa estampa de Belén muchas paradojas se desvelan con dulzura, paradojas que bastarían para deshacer todo rencor: pobreza que es riqueza, pobreza del Rey más grande de toda la historia que ha querido nacer humilde y sencillo en medio de un humilde pesebre, haciendo que su realeza brille con más claridad en medio de la simpleza de una noche fría y hermosa. Silencio que es compañía, un silencio hueco y gentil, un silencio de José y María solos rodeados por ovejas y bueyes, solos con un amor que los trasciende y los ha hecho llegar hasta aquí sin dudar, confiando en las promesas del Señor. Noche que se convierte en día, un día que hemos esperado con ansias, desde hace tanto tiempo que hemos sido esclavos, hoy Dios mismo viene a rescatarnos y nada volverá a ser lo mismo, ninguno de nosotros volverá a ser el mismo.
Cómo callar esta alegría, cómo renunciar a compartirla con quienes sufren, tienen rencores o la han olvidado, cómo dimitir a proclamar a voz en cuello: ¡Ánimo aleja el temor! Los que sabemos que Navidad viene, no podemos dejar de hacerlo, nadie que lo sepa tiene el derecho a olvidarlo jamás y compartirlo.
* Gonzalo Banda es Director del Centro de Estudios Católicos (CEC) en Arequipa Perú.
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