De súper héroes, la Navidad y tu misión
Por Abraham Morales
Este verano pasado, en el cine, fue el verano de los súper héroes: the Dark Knight, Hulk, Iron Man, Hellboy 2, Hancock, Kung Fu Panda. Tú sabes, películas de acción basadas en las historias de súper héroes de los cómics (salvo Kung Fu Panda y Hankcock). Todas me gustaron, unas mejor hechas que las otras, unas con muy buenas actuaciones, algunas hasta con mensaje, y ¡ni se diga de los espectaculares efectos especiales! Todas estas historias de súper héroes tienen algo en común: Los protagonistas buscan hacer el bien.
Pero si te fijas, antes de eso, los héroes tradicionales reciben un “poder” especial, y lo ponen al servicio de los demás, porque saben que los demás necesitan de ellos, sobre todo para ser protegidos del mal. Mucha gente se identifica más con Batman porque es de los pocos súper héroes que no reciben un poder especial por un accidente, o por algo fuera de este mundo, sino porque se prepara él mismo, tanto física como mentalmente. En la búsqueda por hacer el bien y tratar de ayudar a los más débiles, estos héroes sufren, tienen dudas, son tentados por el mal de una u otra manera. Por ejemplo en la tercera parte de Spiderman incluso el mal es representado con traje negro que lo intenta corromper.
¿Te recuerdan a algo estas historias de súper héroes? A mi sí. A nuestra propia vida. En los últimos domingos del año litúrgico, la liturgia de la Misa nos estuvo recordando que lo que hemos recibido (talentos, dones, “poderes”) no son para nosotros, sino para ponerlos al servicio de los demás. Durante el Adviento tenemos la oportunidad de entrenar, de ejercitar nuestra fe para fortalecerla; es el tiempo de preparación para una de las celebraciones más importantes de nuestra vida como cristianos: el nacimiento del Héroe por excelencia, Aquél que lo dio todo, incluso su propia vida, por nuestra salvación. Y eso es lo que celebramos durante la Navidad. Celebramos el inmenso amor de Dios Padre por nosotros al regalarnos a su Hijo único, quien se hizo hombre y habitó entre nosotros.
Los héroes de las historias, no solo las de las películas de este verano, sino en general, además de buscar el bien, de poner al servicio de los demás sus dones, tienen una misión en específico que cumplir. Tú también. Como héroe de la vida cotidiana, tú también tienes dones para compartir, eres llamado para hacer el bien (pero tú sabes que lo haces en respuesta al amor de Dios y siguiendo su voluntad de amarlo a Él sobre todas las cosas y amar a los demás como a ti mismo); y sobre todo, tu también tienes una misión. El niño Jesús que nació en Belén vino a mostrarte cual es tu misión. Esa misión la descubres poco a poco en tu diálogo con el Señor. En tu discernimiento de tratar de escuchar su voz, qué quiere Él para ti.
¿Te llama a la vida religiosa? ¿Te llama a que lo sigas como sacerdote? ¿Te está pidiendo que lo sirvas en la vocación del matrimonio? Sólo Dios y tú lo saben. Lo que yo te recuerdo en esta ocasión, como ya lo habíamos hablado en otras ocasiones, es que no seas un espectador de tu propia “película”. Tú eres llamado a ser protagonista (tampoco te creas el Brad Pitt o Angelina Jolie, ¿ok?) Protagonista, para saber escuchar la voz de Dios para tu misión en esta vida. Y protagonista también de la continuación de la misión de Jesús en la tierra.
Las historias de los héroes de novelas o películas tienen un sabor agridulce. Sufren, no pueden terminar de ser comprendidos, amados o amar plenamente. Y las películas terminan con un futuro incierto. Tu historia personal como protagonista, tiene un final feliz. Ese final feliz se lo dio Cristo al venir al mundo, hacerse semejante a nosotros (menos en el pecado), sufrir y morir por nuestra salvación, y ahora ofrecernos la oportunidad de la máxima felicidad, la plenitud de la vida que nunca acaba, viviendo eternamente en la Casa del Padre. ¡Qué emoción saber que a pesar de los sufrimientos, adversidades y problemas que podamos experimentar durante esta vida, el sabernos salvados, y el saber que podemos llegar a esa meta perfecta, nos motiva, nos da sentido a todo lo que hacemos!
Qué la celebración de esta Navidad nos recuerde nuestro llamado a ser héroes y protagonistas, valientes y felices, sin temor a lo desconocido o al qué dirán, pues nos sabemos confiados que nuestro Único Héroe, ya peleó y ganó la batalla por nosotros. ¡Feliz Navidad!
Paz
Abraham
Abraham Morales es director asociado del Ministerio Hispano de la Arquidiócesis de Denver. Le puedes escribir a abraham.morales@archden.org
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