Bien, y de buenas
Por Abraham Morales
Todos los días saludamos a otras personas. Cuando saludamos a otra persona es bien común, y casi sin pensarlo, que le preguntemos cómo está. El saludo, “hola, ¿cómo estás?” se ha convertido en parte de nuestro rito cotidiano. Lo preguntamos, y a veces no nos esperamos a la respuesta; o respondemos a ella con un “también, gracias”, igual de manera automática sin pensarla mucho. Siendo honestos, a veces saludamos con un “cómo estás” de manera automática, quizá sin estar realmente interesados por cómo la otra persona se encuentra. Y por otro lado, ya estamos también acostumbrados a responder que estamos “muy bien”, aunque en el fondo, en ocasiones no lo estemos. Como que se ha hecho una norma social, no escrita, que saludes preguntando a los demás cómo están y que te respondan que muy bien, al igual que tú.
Un buen amigo escritor, sacerdote Jesuita, que en paz descanse, siempre que saludaba, respondía un tanto diferente: al preguntarle decía que él estaba “bien y de buenas”. Y lo mejor del caso es que se le notaban ambas cosas, sobre todo la parte “de buenas”.
Cuando comencé a escucharle responder de esa manera, se me hizo bien auténtico saber que alguien respondiera a esa pregunta tan simple para la mayoría, con la verdad. Reflejando cómo se sentía. Y cuando no se sentía bien y de buenas, también lo decía. Pero en general siempre respondía que estaba bien y de buenas, porque era la verdad.
Yo sé que no a todos los que nos pregunten les podemos andar contando nuestra vida y obra, o dejarnos caer con nuestras penas y problemas con el primero que nos pregunte cómo estamos. Lo que aprendí de cómo este amigo respondía, es que realmente lo reflejaba. No decía un bien y de buenas por decirlo, sino que porque así lo vivía.
De esto creo que podemos aprender varias cosas. Primero, si vas a responder que estás bien, ¡pues que se te note! Y por otro lado, si no estamos del todo bien, y no podemos o no queremos decirle a esa persona que nos pregunta cómo estamos, quizá al responder “estoy bien, gracias” sirva como una afirmación hacia nosotros mismos de que en verdad, estamos bien porque estamos vivos, porque mis problemas, por más grandes que sean, tienen solución; porque siempre tengo más cosas porque darle gracias a Dios que por las cuales quejarme de esta vida. En fin, creo que decir “estoy bien” puede ayudarte como motivación para sentirte así como lo estas diciendo, bien. Y si después le podemos agregar el “de buenas”, pues mucho mejor.
Cada mañana que te levantas a un nuevo día tienes la oportunidad de decirte a ti mismo que estás bien y de buenas. Cada mañana tienes la oportunidad de poner todo ese día en las manos de Dios para que te vaya bien, y que lo vivas de buenas. Cada mañana puedes contar tus bendiciones para recordarte que realmente estás bien, aunque te falte algo material. Y si sabes que no estás bien, también tienes la oportunidad de confiarle a Dios tus problemas y dificultades, pidiendo paciencia, sabiduría y sobre todo fe para creer y creerle a Él que te escucha y quiere lo mejor para ti: que estés bien, aunque por ese momento no lo puedas comprender.
Al fin de cuentas, fuiste creado para “estar bien, y de buenas”; es decir, para ser feliz. Esa es tu primera misión, ser feliz. Y como nadie puede ser feliz a solas, compartimos con los demás el estar bien y de buenas, sobre todo con agradecimiento y humildad. Pidamos al Señor que podamos ser también trasmisores de alegría, bienestar y buenas noticias a los demás, para que cada vez seamos más los que digamos estar “bien, y de buenas”.
Paz
Abraham
Abraham Morales es director asociado del Ministerio Hispano de la Arquidiócesis de Denver. Le puedes escribir a abraham.morales@archden.org
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