El calor familiar es el mejor antídoto contra el abuso de drogas
El cambio y adaptación cultural pueden generar crisis y llevar a los jóvenes a caer en el alcohol y las drogas
El problema del abuso de drogas y el alcohol, no solamente en esta sociedad sino a nivel mundial, se va haciendo cada vez más grave con el transcurso de los años. Las drogas no respetan edad, sexo, color ni estatus social. Sin embargo, tienen como público objetivo a los más jovencitos. ¿Cómo evitar que sus hijos o familiares caigan en esta terrible esclavitud y por qué viven esto? Estas preguntas son las que “El Pueblo Católico” hizo al Sr. Alfonso Castillo consejero de adicciones certificado (-Certified Addiction Counselor- CAC III), quién con su experiencia nos ofreció puntos interesantes para la prevención y el tratamiento del problema. Alfonso trabaja junto con su esposa Claudia Valadez, terapeuta certificada (License Practitioner Counselor) en la Clínica de rehabilitación “Spanish Clinic”.
Por Lara Montoya
EPC: Hay muchas teorías sobre los causantes del problema de drogadicción, según tu experiencia al tratar a diferentes pacientes acá en Denver, ¿Cuál es el común denominador que causa este problema?
AC: Yo creo que un común denominador en la comunidad hispana es el cambio cultural que sufren y el modo como enfrentan ese proceso. El hecho de salir de tu tierra, salir de tu experiencia, de tu estructura, de tu seguridad para venir a una sociedad en donde tienes que entender una nueva estructura económica, social, medica, jurídica, etc., genera una crisis, nosotros lo comparamos con el “proceso de duelo” porque es como perder un ser querido, tú pierdes tu seguridad, tu terreno.
Las personas en un primer momento niegan estar en una nueva sociedad. Dentro de esa negación, lo primero que sucede es que uno tiende a hacer “su sociedad” tal y como la estaba viviendo allá. Hay personas que viven en esa negación por años.
Esta negación muchas veces entra en un conflicto muy fuerte con una nueva experiencia de los hijos, porque los hijos si se inculturan y a veces lamentablemente no sólo se inculturan, sino que pierden su propia cultura, muchas veces en respuesta a la actitud de los padres.
Dentro de esa perdida, a los hijos muchas veces les fascina la nueva sociedad y los absorbe. Entonces hay un choque muy fuerte entre “yo” que quiero permanecer en mi Zacatecas, en mi Chihuahua, en mi San Luís Potosí o en mi Perú y en lo jóvenes que ni siquiera quieren hablar español como señal de rebeldía a esta situación. Es importante que nosotros como hispanos entendamos esta realidad, somos una cultura que está pasando por un proceso de adecuación, somos un fenómeno distinto y tenemos que estar abiertos a este cambio y reconocer que somos mucho mas vulnerables a influencias externas, a salidas inmediatas que pueden ser tan fugaces y falsas como las drogas o el alcohol. Sin lugar a dudas, este proceso no es la única razón que lleva a las adicciones, pero en los años que tengo como consejero de adicciones he encontrado un común denominador al tratar a personas con situaciones de adicción: la experiencia de dolor que sufre la persona y las familias enteras ante la experiencia de una nueva sociedad y la melancolía de haber dejado nuestra sociedad, familia y cultura.
EPC: ¿Cómo hacer un recto balance en este proceso de inculturación?
AC: Primero, los padres tienen que adecuarse a esta nueva experiencia, donde por ejemplo la escuela le va a pedir juntas, en donde va implicar que se involucren en la actividad de sus hijos de una manera más responsable. La otra cara de la moneda es poder ayudar a que nuestros hijos entiendan que lo que yo tengo, esta experiencia de vida, esta cultura que es parte de mi herencia, es valiosa también. El reconocer esta nueva experiencia con la riqueza de la cultura que traigo como raíz es clave, es importante poder ofrecer esta riqueza como algo que yo puedo compartir con mis hijos, pero abierto también a que esta nueva cultura en la que estoy, y que está siendo asimilada de manera especial por los jóvenes, tiene también algo valioso.
Ese proceso de inculturación puede ser mucho menos abrupto y sin generar rupturas. No se tiene que esperar a que pasen generaciones. Esto se puede evitar, y a la vez se evitará que muchos jovencitos se pierdan, pierdan sus vidas en este proceso.
EPC: ¿Qué medidas preventivas recomiendas para evitar el abuso de las drogas?
AC: La familia es un valor sumamente grande, el diálogo y la cercanía con los hijos es fundamental para que ellos no caigan en el problema de las drogas. Además, tenemos la ventaja que como hispanos tenemos ese valor, es algo natural e innato a nuestra cultura.
Hay que recuperar las mesas que teníamos en nuestros países de orígenes - el sentarnos juntos a comer y dialogar en las largas sobremesas, vernos las caras y conversar, vernos a los ojos. Apagar el televisor, hacer silencio y crear espacios de calidad. Otra cosa que recomiendo es una comunicación profunda y abierta para crear un espacio en donde los hijos tengan la confianza de expresar sus necesidades, sus pasiones y también sus problemas, pues si no lo hacen en su hogar, buscarán en sus amigos soluciones que muchas veces no son adecuadas. Yo creo que un niño, un hijo, un joven que tiene ese calor, que tiene esa experiencia familiar es capaz de sostenerse en las tentaciones que va a vivir en adelante. En Spanish Clinic por ejemplo nos enfocamos en la necesidad de fortalecer la familia antes que simplemente atacar los vicios.
EPC: ¿Cómo dedicarle tiempo a los hijos cuando también se tiene que trabajar y muchas veces hasta doble turno para poder sostener a la familia?
AC: Tenemos que buscar espacios de calidad. Para todos es difícil, pero si no creamos esos espacios nosotros, si no nos damos esas oportunidad para decir que pasa, después veremos las consecuencias. Puede ser una hora, pero es una hora en donde nos volvemos a reencontrar como familia. Y entiendan esto como una inversión, ahorita su mejor inversión no será trabajar 12 horas, sino tal vez trabajar seis e invertir las otras seis en su familia y en sus hijos. Yo le aseguro que el día de mañana les va a salir mucho más caro el tener que sacar a sus hijos de un ambiente dañino para ellos.
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