“Dale gracias a Dios”
Esther Luben un ejemplo a seguir
Por Andrés Pedraza
Cada evento que el ser humano enfrenta deja un mensaje, en este caso, la experiencia que voy a contar fue con una bella mujer de rizos blancos de antaño que rodeada por turquesas, baila boleros alegre por su casa, esperando contribuir más al mundo que la acompaña.
Esther Mary Luben, es esa mujer, que por 75 años se ha dedicado a mejorar las vidas de muchas personas por medio de su dedicación y ejemplo incansable como madre, hija, esposa, educadora y sobre todo como una fiel servidora de Dios.
En una pequeña y humilde casa en Segundo, Colorado, Esther nació, en una familia fervientemente católica. La relación con su madre María Audelia fue tan importante que nunca se separaron hasta la muerte de María Audelia, ya que el pilar de la familia y padre de Esther murió en su temprana juventud. Pero éste terrible suceso no limitó a Esther ni a María para seguir trabajando juntas y salir adelante.
Durante la década de 1950 Esther pasó por una de las pruebas más grandes de su vida, el fallecimiento de su esposo y padre de sus 8 hijos. Esther, con el fervor y la fe, nunca dejó que estos eventos deterioraran su relación con Dios o con su familia, y por otra parte encontró en la educación y en el apoyo de su madre la fuerza para continuar trabajando por sus hijos.
Durante una conversación con Esther, ella me confió que durante muchos años con su madre y después con sus hijos, lo único que ella hacía sin falta era pedirle a Dios. “Cuando las cosas van bien dale gracias a Dios y cuando las cosas no van bien dale gracias también a Dios”, sin duda alguna esta mentalidad sentó los cimientos con los que ha sobrevivido las pruebas más difíciles de su vida.
Después de un largo, pero importante proceso de adiestramiento y aprendizaje en la Universidad Teikyo Loretto Heights, Esther desarrolló profesionalmente el sentido de la educación para niños, y a esta disciplina fue a lo que se dedicó por más de 40 años de su vida.
Esta educación le fue muy útil cuando decidió irse a vivir a una reservación Zuni en Nuevo México. Roma Mondragón, una de sus hijas, se acuerda hasta el día de hoy como su madre al tocar el suelo de la reservación hizo su primera parada en la Iglesia de la misión St. Anthony, donde conocieron a sacerdotes y a monjas que se convirtieron en mentores y amigos para toda su vida.
Roma, que describe a su madre como su mejor amiga, dice que Esther constantemente le repite lo siguiente: “La única forma de medir el carácter de una persona es observando la manera en la que él o ella vencen sus retos”. Esta fórmula es representativa de una mujer que aplica en su propia vida lo que ella le aconseja a sus hijos.
Alvina Stabb, la Vice-Rectora de la escuela Garden Place Elementary recuenta como año tras año Esther trabajó con los niños más pobres, indefensos y en muchas ocasiones inmigrantes y les cambiaba la vida. “Esther es una maestra en el área de educación… desde que la conocí en 1974 en Greeley, ella ha donado hasta de sus propios fondos sólo con el propósito de mejorarle la vida a los niños de la escuela”, y añadió que por muchos años, “Esther se encargó de crear un mini circo al final del año escolar con payasos y animales en donde los niños podían ser parte activa del espectáculo”.
A nivel personal, Esther se encontró con un ángel que le cambiaría su vida. Edward Lawrence Luben era un hombre “bien parecido”, religioso, amable, cariñoso y con un corazón totalmente dedicado a Esther. Ellos se conocieron inicialmente en la preparatoria pero nunca fueron más que amigos, hasta que se volvieron a reencontrar a principios de 1960. Sin dudarlo Edward le propuso matrimonio a Esther y ellos estuvieron juntos por 30 años hasta que una enfermedad se lo llevó.
Esther y Edward vivieron juntos y criaron a 12 hijos en su casa en Lakewood. Sin duda alguna el trabajo que hicieron fue magnánimo ya que hasta el día de hoy, la casa de Esther Luben está rodeada de ricos recuerdos, pinturas, decoraciones, colores, cruces y colecciones que le darían envidia hasta el museo de Frida Kahlo en Coyoacán. Esther dice que sus nietos al igual que sus más queridos amigos viven enamorados de su casa y por eso es que a menudo tiene fiestas o reuniones en su hogar.
Aunque se retiró de su trabajo de tiempo completo como educadora, Esther no ha dejado de trabajar y desde hace algunos años ha dedicado su tiempo al Centro San Juan Diego y al Ministerio Hispano de Denver. Según la Hermana Alicia Cuarón, Directora del Programa Bienestar del Centro, “Esther es una mentora, fiel al Evangelio y es un ejemplo a seguir para la sociedad, por esta razón la nombramos Madrina del Centro”. Esther también dona una gran cantidad de arte y dinero para la subasta anual que sirve para cubrir los gastos del Centro.
Esther Luben es un ejemplo a seguir, no sólo como católica sino como mujer, madre, esposa, hija y amiga. Por lo menos su familia ha tratado de seguir su ejemplo ya que todos los sábados a medio día se unen en oración. Ellos, aunque estén separados físicamente, bajan la cabeza al mismo tiempo y oran con Dios.
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