¿Por qué el “derecho a morir” no existe?
La eutanasia y el caso de la niña Hanna Jones en Inglaterra
Por el Dr. Luis E. Raez (*)
Con mucha tristeza escuchamos en los primeros días de Noviembre las noticias de Inglaterra donde la niña Hanna Jones de 13 años de edad, había rehusado a que le hagan un transplante de corazón para que le salven la vida y estaba apoyada por sus padres. El caso era bastante complicado pues esta niña tenía una historia larga de leucemia y aparentemente el tratamiento para la misma le había causado un daño permanente al corazón y necesitaba un transplante al corazón para poder sobrevivir. Como la niña es menor de edad, luego que rehúso el transplante y los padres la apoyaron, el hospital decidió notificar al “Herefordshire Primary Care Trust (PCT)” - autoridad de salud local- para que lleven a los padres a la corte para quitarles el derecho de decidir por su hija, y les permitan hacer el transplante a la niña. Ésta es una práctica común a nivel mundial ya que los médicos piden la intervención del estado cada vez que se considera que las decisiones de los padres son peligrosas para los niños o cuando los padres no están de acuerdo con brindar tratamiento médico que se considera estándar o adecuado a los niños.
La noticia del 13 de Noviembre decía que el PCT decidió dejar a la niña con su decisión de no permitir que le transplanten el corazón. Este caso fue usado por la prensa mundial como un “gran ejemplo” de que incluso los niños pueden pedir el “Derecho a Morir”. Hanna se convierte así en una heroína de quienes están en contra de la vida. Según los médicos, la niña no vivirá más de seis meses sin el transplante.
Este caso es muy complicado y delicado, pues va más allá de lo que es mejor o no para la niña o su familia. El caso trae repercusiones sociales muy importantes. En primer lugar, menores de edad no tienen el derecho de escoger o rehusar tratamientos médicos en ninguna parte del mundo. Las consecuencias mundiales pueden ser trágicas. Por ejemplo el Dr. Tony Calland, Jefe del Comité de Ética de la Asociación Medica Británica (British Medical Association) a raíz de este caso señaló que una niña de 13 años como Hanna es capaz de dar un consentimiento adecuado para tratamiento médico o rehusarlo (la edad legal en la mayoría de países es todavía 18 años). De la misma manera, una de las profesoras del colegio de la menor, Clive Lambert considera que Hanna es suficientemente madura para tomar estas decisiones y el diario la BBC de Londres ya está hablando del “derecho a morir” que esta niña está “ejerciendo”. La primera pregunta para todos nosotros sería si vamos a dejar que los niños empiecen a tomar este tipo de decisiones y si ellos tienen los criterios necesarios para tomar la mejor decisión.
La Iglesia siempre ha sido muy clara. Dios crea la vida y sólo Él la puede quitar. Por lo tanto no se debería acelerar la muerte de las personas, a pesar que hay sufrimiento, como tampoco se quiere alargar artificialmente la vida y hacerles sufrir más. El criterio básico está en “dejar morir” naturalmente a la persona cuando no existen medios “proporcionados” para salvarla. Si para salvar a alguien se tiene que usar los medios “extraordinarios” o “desproporcionados”.
Un ejemplo de esto son las maquinas de ventilar, si una persona de 40 años previamente sana hace un paro cardiorrespiratorio por una neumonía, los médicos de este país o cualquier otro, no dudan en colocar al paciente en un ventilador porque esperamos curar la neumonía y salvar a ese paciente que hoy en día sólo tiene 40 años siendo la expectativa de vida de 85 años. La máquina de ventilar es así un medio “ordinario” y “proporcionado” que salva la vida de una persona. Pero siguiendo el mismo ejemplo, si un paciente de 75 años con un cáncer incurable hace un paro respiratorio, la máquina de ventilar de repente se convierte en un medio “desproporcionado” y “extraordinario” y es perfectamente aceptable que el paciente moralmente considere que sea innecesario ir al ventilador y pide que lo dejen morir.
Obviamente en la práctica es difícil a veces diferenciar claramente que es “proporcionado u ordinario” de lo que no lo es, como es el caso de Hanna. Pero usualmente en casos de menores, el hecho de que tengan una expectativa de vida larga o la posibilidad de sobrevivir es un argumento fuerte para no dejarlos morir sin hacer antes todo lo posible para salvarlos mientras no se les haga daño.
Es muy difícil entender que el “derecho a morir” no existe. Moralmente hablando nosotros no somos dueños de nuestra vida, solamente somos administradores de la misma desde el día que Dios nos la dio. Por ello es inmoral no cuidar la vida o hacernos daño. Obviamente habrá muchas situaciones en la vida en que nuestro juicio no será el más adecuado para decidir con rectitud.
Los pacientes como Hanna Jones muchas veces cuando hablan de morir están solamente pidiendo ayuda o pidiendo esperanza o una razón para vivir. La solución no está en matarlos o facilitarles la muerte. Muchos de nosotros dedicamos nuestras carreras y nuestras vidas a buscar curas a enfermedades tan difíciles como el cáncer. ¡Qué fácil sería dejar de gastar billones de dólares en la lucha contra el cáncer y eliminar a todos los enfermos “por misericordia”. De esta forma ahorraríamos dinero a las familias, incluso al sistema americano. La dignidad del ser humano es inmensurable y permanente, no disminuye con el sufrimiento y no se puede valorar en términos económicos.
Hoy en día en que vivimos en una sociedad hedonista que le tiene miedo al sufrimiento es difícil que el respeto por la vida humana se entienda en verdad.
* El Dr. Luis E. Ráez es American Board Certified en Medicina Interna y Oncología Médica, y trabaja como profesor asociado en la División de Hematología Clínica y Oncología Médica del departamento de Medicina de la Universidad de Miami, donde también es Director de las Clínicas de Hematología y Oncología Médica. El Dr. Ráez se dedica a la investigación de nuevos tratamientos contra el cáncer y tiene diversas publicaciones científicas en la materia así como numerosas presentaciones en conferencias a nivel nacional e internacional. El Dr. Raez tiene un interés muy particular por la ética médica y ha tenido ocasión de escribir numerosos trabajos y artículos sobre el tema así como presentaciones en radio y televisión.
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