En el Año de San Pablo
Conociendo más sus cartas, sus enseñanzas, su ardor apostólico
Por el Rev. Padre Jorge De los Santos
En el artículo anterior ya tratábamos sobre San Pablo por ser el año dedicado a él, entonces después de haber visto la persona de Pablo, ahora podremos ver algo sobre sus cartas, que nos llevan a conocer el núcleo del pensamiento de San Pablo con el objeto de leerlas y meditarlas, hasta hacerlas vida en nuestra vida.
San Pablo escribió las cartas en las que se resume lo que la Iglesia Católica enseña acerca de la fe y la moral. Tienen dos dimensiones: la dogmática (decir, verdades de la fe), y la moral (es decir, reglas de buena costumbre). La más extensa y doctrinal es la que escribió a los Romanos. La más corta, a Filemón. Las más apasionantes y fuertes son las dos que escribió a los Corintios, corrigiendo algunos errores. La más elevada y difícil es la de los Efesios. La más cariñosa, a los Filipenses. Las últimas cartas las escribió desde la cárcel, dirigidas a Timoteo y Tito. La primera carta a los Tesalonicenses tiene el mérito de ser el primer escrito del N.T., pues fue escrita antes que los Evangelios. Todas las cartas tienen como autor, directamente a Pablo.
1 y 2 Tesalonicenses: 1ª. Dirige palabras de aliento y consuelo, les recuerda el trato y los desvelos de su predicación y de su trabajo, trata de corregir algunos errores sobre la inminente venida del Señor, les habla de la pureza, del trabajo, del destino de los difuntos, de la vigilancia. 2ª. Puntualiza la doctrina sobre la parusía, diciendo que no es inminente. A los Gálatas: La salvación del hombre (justificación) viene de Dios, a través de Jesucristo muerto y resucitado.
La ley no salva. La fe, no sólo es asentimiento intelectual, sino sobre todo amor. Sólo así el hombre se convertirá en hombre nuevo y libre. Este hombre nuevo, recreado por Dios a imagen de Jesucristo será capaz de superar el pecado y la muerte, causantes del hombre viejo. 1ª. A los Corintios: Ante la división creada, Pablo proclama la auténtica sabiduría: la de Dios, manifestada en el misterio de la cruz de Jesucristo. Ante los desórdenes sexuales, Pablo recuerda que el cristiano bautizado es una creatura nueva y templo de Dios. Ante la increíble degeneración a la que habían llegado las asambleas litúrgicas en las que se celebraba la Cena del Señor, Pablo da una estupenda catequesis sobre la Eucaristía y cómo celebrarla y recibirla con dignidad. Ante la resistencia de algunos en aceptar la resurrección de los muertos, Pablo ofrece una reflexión sobre escatología: la resurrección de Cristo garantiza nuestra resurrección. 2ª. A los Corintios: Profundiza en el ministerio apostólico con sus grandezas y miserias, con su esplendor y su peso, sus riesgos y sus compensaciones. Declara que su ministerio lo recibió de Jesucristo, quien le llamó gratuitamente a ser apóstol de los gentiles.
A los Romanos: La fuerza salvadora de Dios actúa en el hombre por medio de la fe en Jesucristo. Es toda la doctrina de la justificación o salvación, proveniente de Cristo, que nos libera del pecado. Jesús nos ofrece la salvación y el hombre, por la fe, acepta esta salvación, se convierte y se abre a esa salvación. A los Filipenses: Invitación constante a la alegría, incluso ante la perspectiva de la muerte.
La preocupación por el crecimiento espiritual y por la armonía y la unidad de la comunidad. A los Colosenses: Himno cristológico: Pablo hace una teología sobre Jesús más desarrollada, considerándolo como centro del universo, primogénito de toda la creación y redención, y cabeza de la Iglesia. Cristo es presentado como el “Hijo del amor”. Se reitera la relación entre Él y todo, con evidente tono polémico contra el gnosticismo que despreciaba el mundo material y lo atribuía a otro creador. Más tarde, Pablo presenta a Cristo como “cabeza del cuerpo” que es la Iglesia. La Iglesia, por tanto, es presentada como Cuerpo Místico, Cristo es la Cabeza del cuerpo, porque es el primero en la resurrección: el primero en resucitar y aquel por el que resucitan los demás, al hacerles partícipes de su muerte y resurrección mediante el bautismo. Como exigencia del bautismo y de la unión con Cristo cabeza el cristiano bautizado tiene que ser hombre nuevo y renunciar al hombre viejo, para recobrar la imagen del Creador. A Filemón: el tema es la esclavitud, que era aceptada en aquella sociedad grecorromana, pero que estaba en abierta contradicción con el mensaje de Cristo. La idea principal es ésta: todos somos iguales ante Dios. A los Efesios: La acción del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en el plan de la Salvación. El Padre nos elige para ser sus hijos.
El Hijo nos obtiene la redención con su sangre. El Espíritu Santo nos sella y es la garantía de nuestra herencia. Unidad de la Iglesia en cuanto cuerpo de Cristo. La Iglesia es el lugar donde toda discriminación desaparece –yo soy judío, yo soy pagano-, donde no hay particularismos ni privilegios raciales, religiosos, culturales o sociales. Exhortación a la nueva vida en Cristo. Muestra un programa de vida cristiana para todos, y a los hijos y padres de familia les recuerda los deberes del cuarto mandamiento de la Ley de Dios. Nos invita a renovarnos en Cristo, imitar el amor de Cristo. A Timoteo y Tito: Cristo, en quien se hace visible el plan salvífico de Dios, es el único mediador universal. La Iglesia aparece como el nuevo pueblo de Dios, purificado por el sacrificio de Cristo, como la casa del Dios vivo, como la gran familia de Dios, como el fundamento y la columna de la verdad. Tiene la misión de enseñar y conservar el depósito recibido. La salvación por Cristo lleva consigo unas exigencias: ante todo la fe, esperanza y la caridad, fundamento de toda vida cristiana. Además oración y espíritu de lucha; obediencia, paciencia y mansedumbre, pureza, fidelidad a la sana doctrina y práctica de las buenas obras.
A Timoteo: 1ª. Organización de la comunidad. Forma de combatir los errores. La vida cristiana de los fieles. 2ª. Pablo desde la cárcel le da consejos pastorales a Timoteo: mantenerse fiel al ministerio y conservar la sana doctrina. Son como un testamento de Pablo, antes de morir. A Tito: Organización de la Iglesia; lucha contra los errores de los falsos maestros; Vida cristiana de los fieles, con consejos para ancianos, jóvenes y esclavos.
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