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July 31, 2002
Jóvenes Hispanos en Denver también vivieron la Jornada Mundial de la Juventud
Mientras el Papa Juan Pablo II le hablada a cientos de miles de jóvenes de todo el mundo en Toronto, los jóvenes de varias parroquias de la Arquidiócesis de Denver se congregaron para estar en sintonía con los diversos eventos que se realizaron con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) 2002.
En efecto, el viernes por la noche se reunieron casi 200 jóvenes en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Denver, quienes estuvieron rebosantes de alegría y hermandad, pero sobretodo estuvieron rezando por todos los jóvenes que en ese momento participaban en Toronto de la JMJ junto a Su Santidad. Los jóvenes se reunieron para una Vigilia de Oración que se prolongó hasta casi las 2:00 de la mañana. En medio de un espíritu de mucha energía y también de recogimiento, los jóvenes hispanos rezaban y alababan al Señor a través de cantos y oraciones conjuntas. Los jóvenes de Nuestra Señora de Guadalupe quienes fueron los anfitriones, organizaron los diferentes momentos de la vigilia, generando un ambiente de acogida y alegría entre quienes participaron.
Al día siguiente se realizó una conferencia, seguida de una caminata para concluir con una misa en la Catedral de la Inmaculada Concepción. Tomando el lema de la JMJ "Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo" (Mt. 5, 13-14) como base, Luis Soto, Encargado de los Jóvenes Hispanos de la Arquidiócesis de Denver, exhortó a los jóvenes participantes ser esa sal que "condimenta" y esa luz que "ilumina" para todos los hombres y mujeres del mundo, pero de manera particular "para ser esa sal y luz en medio de esta cultura en la que vivimos". Asimismo, Soto pidió a los jóvenes esforzarse por generar una comunidad unida, para que a su vez "esa unidad que se viva entre nosotros sea transmitida a los demás".
Posteriormente los jóvenes se dirigieron caminando desde el Centro L.U.P.E. hasta la Catedral. Los cantos y oraciones de los entusiastas jóvenes eran un testimonio en las calles de Denver, en medio de una cultura donde se ha perdido de vista la presencia de Dios, el sentido de la fe, la falta de esperanza y una errada comprensión de la caridad. Una vez más los jóvenes de Denver, mostraban ser ese signo de contradicción en medio de un mundo que clama por felicidad auténtica.
Al llegar a la Catedral después de una entusiasta ca-
minata, se concluyó con las actividades paralelas de la JMJ con una Eucaristía celebrada por el Padre Alfredo Mendoza, quien exhortó a los jóvenes a seguir al Señor Jesús y descubrir la misión que ha sido encomendado a cada uno de ellos para que la lleven a la práctica.
Una de las jóvenes participantes señaló que "debemos ser sal de esta tierra, darle un gran sabor de amor y de lealtad al servicio de Jesús; pero también luz del mundo, con un testimonio que ilumine a cada joven que pase por nuestro lado. Además, ¡debemos ser la esperanza del presente! Nuestra Iglesia necesita de jóvenes ahora, jóvenes comprometidos que quieran seguir y contruir el Reino de Dios aquí y ahora".
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