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March 27, 2002
Carta de Mons. Chaput fue leída en todas las Misas de Domingo de Ramos
Ante el reciente hecho en torno a la conducta sexual errada de un sacerdote en Boston que ha generado una hola de comentarios en la prensa escrita, radial y televisiva a nivel nacional, Monseñor Carlos Chaput, Arzobispo de Denver, escribió una carta explicando el tema y dió su testimonio del don del sacerdocio para la Iglesia. Mons. Chaput pidió a todos los fieles apoyar y alentar a los sacerdotes quienes tienen una importante y delicada misión. La carta fue acogida de manera muy positiva en las diversas misas alrededor del Norte de Colorado.
Queridos amigos en Cristo, Una de las primeras lecciones que un sa-cerdote joven aprende es que la crucifixión sucedió por alguna razón. La Semana Santa que iniciamos hoy con la lectura de la Pasión de Cristo nos recuerda que el pecado es real, que fuimos redimidos a un precio, y que el precio de nuestro rescate fue la sangre del Hijo de Dios.
El Evangelio es un libro para personas realistas. Cristo vino a vivir y morir por los pecadores, y en este mundo, eso significa cada uno de nosotros: sacerdotes y religiosos, solteros, madres y padres, esposos y esposas, diáconos y obispos. Semana tras semana, cada sacerdote se encuentra con la realidad de esos pecados en las confesiones que escucha de su pueblo, y en las confesiones que hace de sus propios pecados - porque otra lección temprana que todo sacerdote aprende es su propia indignidad para el trabajo que Dios lo llama.
El misterio del sacerdocio es que Dios llama a hombres que son todavía pecadores a santificar a Su pueblo. El misterio de la Iglesia es que Dios llama a gente que son todavía pecadores -cada uno de nosotros y todos nosotros- a santificar el mundo. Somos indignos. Caemos. Somos motivo de vergüenza para otros y para nosotros mismos con nuestros pecados. Pero a pesar de todo, Dios aún nos pide que lo sigamos.
Esta ha sido una Cuaresma que todos recordaremos por mucho tiempo. Los ti-tulares de prensa nos han recordado que el pecado no es algo que está simplemente fuera de la Iglesia. Puede también vivir en las acciones de sus párrocos y sus pastores. Nada puede disminuir el sufrimiento de las víctimas de la conducta sexual errónea en la Iglesia o justificar la seriedad del pecado, especialmente cuando se comete contra un niño.
Para mí, personalmente, y para cualquiera en el liderazgo de la Iglesia, esto es fuente de inmenso dolor y arrepentimiento. Ninguna disculpa es adecuada, pero sí me disculpo sincera y humildemente en mi nombre y en nombre de nuestros sacerdotes, por cualquier daño causado en nuestro pueblo a lo largo de los años por el clero o por empleados laicos de la arquidiócesis. Más aún, para que haya paz en sus corazones y para asegurar su confianza en la Iglesia ahora y en el futuro, quiero hablarles directamente el día de hoy.
En su carta a los sacerdotes por el Jueves Santo este año, el Santo Padre escribe que "en cuanto sacerdotes, nos sentimos en estos momentos personalmente conmovidos en lo más íntimo por los pecados de algunos hermanos nuestros que han traicionado la gracia recibida con la Ordenación, cediendo incluso a las peores manifestaciones del mysterium iniquitatis [misterio de iniquidad] que actúa en el mundo".
Cualquier conducta sexual errónea por cualquier sacerdote de la Iglesia es un pecado grave y produce un daño grave en gente inocente. Por lo tanto, los líderes de la Iglesia tienen igualmente una seria responsabilidad de actuar ante acusaciones rápida y equitativamente.
La Arquidiócesis de Denver ha tenido una política de conducta sexual errónea efectiva desde 1991. Esta política esta a disposición de todos. Todo miembro del clero debe revisarla y firmarla como una condición para su servicio. De la misma manera debe hacerlo cada empleado laico arquidiocesano. Cualquier violación es causa de suspensión o terminación de contrato inmediato.
Nosotros vivimos esa política de ma-nera honesta, consistente y diligentemente, y gracias a ella, creo que ningún sacerdote que pueda suponer peligro para niños sirve en algún ministerio en la Arquidiócesis de Denver. Nosotros no asignamos y nunca asignaremos a un pedófilo conocido a ninguna forma de ministerio. El Fiscal de Denver Bill Ritter y su asistente ejecutivo revisaron nuestra política la semana pasada, la encontraron eficaz y la elogiaron publicamente. Nosotros hemos notificado rapidamente y seguiremos notificando a las autoridades locales respectivas cualquier sospecha de abuso de niños, y coope-ramos con esas autoridades.
Nosotros tratamos cualquier acusación de conducta sexual errónea de cualquier miembro del clero o empleado laico arquidiócesano seriamente. Estamos inequivocamente comprometidos en el cuidado compasivo de cualquier víctima y sus familiares.
No puedo prometer que aquellos que nos sirven en la Iglesia no pecarán. Pero puedo y prometo que actuaremos inmediatamente, en cuanto sepamos algo. Tomamos y tomaremos cualquier medida razonable para prevenir la conducta
sexual errónea antes que ocurra. Adicionalmente todos nuestros semina-ristas -los hombres que servirán en nuestra Iglesia como sacerdotes en el futuro- pasan por una cuidadosa evaluación psicológica y formación espiritual.
He tenido muchos dones en mi vida, pero sin duda el más grande ha sido el don de mi sacerdocio. Durante 31 años he tenido el privilegio de servir al Pueblo de Dios, experimentando su amor y viendo su bondad. También ha sido mi alegría ejercer mi ministerio junto a tantos buenos sacerdotes que me han enseñado lo que significa ser generoso y una persona de carácter. Apoyen a sus sacerdotes. Ellos los necesitan. Nuestros sa-cerdotes son hombres buenos y dedicados que llevan el peso de estos escándalos en la Iglesia de manera muy personal. Recen por ellos, anímenlos, y denles ejemplo con el testimonio de vuestra propia santidad.
La Epístola de hoy nos dice que Cristo "se despojó de sí mismo (y) se humilló, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz". Para los católicos ame-ricanos, esta Cuaresma ciertamente ha sido una experiencia de despojarse y humillarse. La cruz esta Semana Santa tendrá un sentido más profundo para todos nosotros. Que Dios nos conceda una Pascua que nos restaure en Su luz y amor.
Su hermano en el Señor,
+ Carlos J. Chaput, O.F. M., Cap.
Arzobispo de Denver
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