Obispos de Denver reflexionan sobre su identidad como sucesores de los apóstoles y su misión en la Iglesia

Junio, 2004


En la semana del 14 al 19 de junio, más de 250 obispos de Estados Unidos se han reunido en la ciudad de Denver para recibir un retiro espiritual.

Recientemente, El Pueblo Católico y el Denver Catholic Register dialogaron con Monseñor Carlos J. Chaput, O.F.M. Cap., Arzobispo de Denver y Monseñor José H. Gomez, S.T.D., Obispo Auxiliar de Denver, sobre la los obispos y su misión en la Iglesia.

Más adelante la entrevista con Monseñor Chaput y posteriormente con Monseñor Gomez

Por Rossana Goñi y Roxanne King

Los obispos: sucesores de los apóstoles

El Pueblo: En la semana del 14 de junio los obispos de Estados Unidos se reunirán en Denver. ¿Cuál es el motivo de la reunión?
Monseñor Chaput: El propósito ordinario de la reunión de verano es continuar con el trabajo de la Conferencia Episcopal. Nuestra reunión anual más importante es en noviembre y es en Washington DC. Con una conferencia tan grande como la del episcopado norteamericano, no podemos completar todos los trabajos en una sola reunión, por eso tenemos una reunión más corta en junio. Cada tres o cuatro años tenemos una semana de estudio en vez de la reunión de verano, y eso es lo que se ha programado para Denver.
Hemos agregado un par de asuntos puntuales que también vamos a discutir. Pero el propósito de la reunión es la de discutir las posibilidades teóricas de realizar un concilio plenario para la Iglesia en los Estados Unidos. Todavía vamos a realizar esto pero algo del tiempo de la reunión ha sido concedido a estos otros asuntos.

El Pueblo: ¿Podría explicarnos cuáles son las diferencias entre un concilio plenario, un sínodo especial y un sínodo mundial de obispos?
Monseñor Chaput: Un concilio plenario es una reunión canónica de obispos de una nación. Un sínodo especial es una reunión de obispos que representan a una nación o región convocada por el Santo Padre, un sínodo mundial es una reunión más amplia. También éste es convocado por el Santo Padre. Yo tuve el privilegio de participar en uno, en mi primer año como arzobispo.

El Pueblo: ¿Por qué esta reunión de verano tiene lugar en Denver?
Monseñor Chaput: Las reuniones de verano se trasladan habitualmente de lugar, como en diferentes territorios y diferentes diócesis de Estados Unidos. Algunos años atrás, Denver se ofreció como lugar para este encuentro.

El Pueblo: ¿Cuál es el papel principal del Obispo?
Monseñor Chaput: Nosotros creemos en la Iglesia católica que los obispos son los sucesores de los apóstoles, de tal forma que el papel del obispo en la Iglesia hoy es la de hacer lo que los apóstoles hicieron en al Iglesia primitiva, que es proclamar el Evangelio y construir la comunidad de fe y asegurarse que las necesidades del pueblo – necesidades espirituales y materiales del pueblo de una diócesis, se vean satisfechas. Esto lo vemos en los Hechos de los Apóstoles. Los apóstoles predicaban y compartían la Eucaristía e insistían en que los pobres y los hambrientos fueran alimentados. El obispo es el que preside en lugar de los apóstoles en una iglesia local. Se trata de una función de enseñanza litúrgica y administrativa. La palabra “episcopus” de donde viene la palabra “obispo”, significa “supervisor”. El obispo es literalmente el que “vigila” o pastorea la vida de la Iglesia. Hace esto en colaboración con sus sacerdotes y es asistido de manera especial por los diáconos, todos los cuales están al servicio del laicado, así como de la vida consagrada.

El Pueblo: Monseñor ¿podría explicar cuál es la diferencia entre obispo, obispo auxiliar y arzobispo?
Monseñor Chaput: En la teología de la Iglesia, el sacramento de las órdenes sagradas está dividido en tres partes: diáconos sacerdote y obispos. Cualquier otro título o posición fuera de esto ha sido creada por la Iglesia como una manera de organizar el sacramento de las órdenes sagradas. Un obispo auxiliar, como el título lo describe, es alguien que ayuda o asiste al obispo ordinario, que es llamado “el ordinario”. Los obispos auxiliares son designados para ayudar a un obispo particular en su servicio a la Iglesia local. Algunas veces hay varios obispos auxiliares. Nosotros tenemos la bendición de tener a Mons. José Gomez, quien ha sido mi obispo asistente ya por tres años. Existe otro término que se usa que es el de coadjutor. Se usa generalmente para un obispo auxiliar que va a suceder al obispo ordinario, por razones de edad, salud u otra.
Un arzobispo es el obispo de una arquidiócesis, parecido a lo que un monseñor sería entre los sacerdotes, es más un título honorífico que una participación mayor en el sacramento de las órdenes sagradas. Hay arzobispos a quienes se les da este título personalmente, como los nuncios que sirven al Santo Padre, pero, en la mayoría de los casos son obispos de una diócesis principal o diócesis madre de una región. Tienen cierta precedencia en asuntos ceremoniales. Presiden en las reuniones de una provincia que es un grupo de obispos de un territorio eclesiástico, pero no tienen jurisdicción real en las otras diócesis de la provincia.

El Pueblo: En su experiencia, ¿qué es lo que menos se comprende respecto del papel del Obispo?
Monseñor Chaput: La gente piensa que la autoridad centralizada puede funcionar automáticamente para resolver problemas. En realidad el obispo tiene muchos cuerpos consultivos que está obligado a consultar o que debería consultar dada la sabiduría contenida en la experiencia de las personas que forman parte de tales cuerpos. Por ejemplo, en la Arquidiócesis de Denver los cuerpos consultivos principales del obispo son el Consejo Presbiteral, compuesto por sacerdotes de diferentes regiones de la arquidiócesis; el Consejo Consultivo Financiero, compuesto por expertos financieros de la diócesis y el Consejo Pastoral Arquidiocesano, un cuerpo que aconseja al obispo sobre el trabajo pastoral de la arquidiócesis.
Creo que muchas personas no saben lo que es el obispo. Tienden a pensar que el obispo es el burócrata principal o el jefe, en vez de la presencia del carisma apostólico que ha sido transmitido a la Iglesia desde el tiempo de los apóstoles.

El Pueblo: ¿Cuál es la principal alegría en su papel como obispo?
Monseñor Chaput: La principal alegría es celebrar la liturgia en las parroquias locales, que es siempre un lugar de renovación para el Obispo –ver la fe del pueblo y el duro trabajo de los sacerdotes y religiosos y del personal de nuestras parroquias.

El Pueblo: ¿Cuál es el principal desafío de ser obispo, pastor y maestro?
Monseñor Chaput: En una diócesis del tamaño de Denver, es el hecho de estar presente ante el gran número de católicos que forman parte de la diócesis y están separados por millas y también por distintas culturas. Ser pastor de toda la Iglesia local es una tarea enorme, especialmente teniendo en cuenta la tremenda correspondencia y el manejo necesario para una comunidad de estas dimensiones.

El Pueblo: ¿Cuál es el principal desafío para un obispo en su papel de administrador?
Monseñor Chaput: Probablemente el de encontrar tiempo para hacer todo lo que hay que hacer. Recibo aproximadamente 100 comunicaciones por día, entre memorándums, correos electrónicos y correo regular. El sólo poder encontrar tiempo en un día para manejar eso, de tal manera que las personas no tengan que estar en suspenso o esperando, es todo un desafío.
Y eso por su puesto no es la parte central de ser un Obispo. La parte central es celebrar los sacramentos en las diversas parroquias y regiones de la arquidiócesis. Las personas esperan hoy que los obispos sean buenos administradores así como buenos pastores y encontrar tiempo para hacer todo eso y permanecer cuerdo, con una vida balanceada de trabajo y oración es difícil.

El Pueblo: ¿Ha cambiado en algo su papel en sus 16 años como obispo?
Monseñor Chaput: Yo fui Obispo de Rapid City en Dakota del Sur durante nueve años, y se trata de una diócesis bastante menos compleja, con una base bastante diferente. Se trata de una dioceses rural con muchos católicos nativo-americanos. Denver es significativamente más compleja, tanto en términos numéricos como institucionales. Entonces, sí ha habido un gran cambio en el entorno. Pero el papel fundamental del obispo es el mismo, no importa donde seas obispo. Es un gran privilegio el ser llamado a servir a la Iglesia de este modo.

La misión de un obispo: enseñar, santificar y gobernar

El Pueblo: Monseñor, ¿cuál es la misión central de un obispo?
Monseñor Gomez: En primer lugar los obispos son los sucesores de los apóstoles. Jesús quería que la estructura de la Iglesia esté basada en la vida personal de los apóstoles. Ellos fueron sus representantes en el mundo. Para mí, el papel central de un obispo es tratar de querer ser otro Cristo – el mismo Cristo.
Teológicamente hay tres funciones que el obispo debe cumplir: enseñar, santificar y gobernar. Esos tres puntos juntos constituyen el papel esencial del obispo. De esta manera será un buen pastor para los fieles de su diócesis o arquidiócesis.
Hay una hermosa imagen que el Santo Padre ha utilizado cuando habla sobre el papel del obispo. El Papa dice que el obispo debería ser “un testigo de esperanza”. En la medida que el obispo ejerza su autoridad de enseñar, ayudar a la gente a acercarse a Dios y gobernar al pueblo de Dios, lo debe hacer como un testigo de esperanza. Además, debe dar la ayuda que los demás necesitan para que puedan ver a Dios en sus vidas ordinarias.

El Pueblo: ¿Podría explicarnos cuál es la diferencia entre un obispo, un obispo auxiliar y un arzobispo?
Monseñor Gomez: Básicamente todos son obispos, pero tienen diferentes funciones en la Iglesia. El arzobispo es el que está a cargo de una provincia eclesiástica. Como es el caso de la Arquidiócesis de Denver. El Arzobispo Carlos Chaput está a cargo de la provincia que incluye todo el estado de Colorado y el estado de Wyoming. Se trata sólo de un estructura organizativa que ayuda a la Iglesia a trabajar unida. En el caso de la Arquidiócesis de Denver, el Arzobispo Chaput y los obispos de Colorado Springs, Pueblo y Cheyenne trabajan juntos como provincia, pero cada uno de ellos depende directamente del Santo Padre.
Un obispo auxiliar es nombrado allí donde se necesita que alguien ayude al obispo ordinario –el que está a cargo de la diócesis-, si necesita ayuda con alguna de las actividades pastorales de la arquidiócesis. En mi caso yo ayudo al Arzobispo Chaput. Yo superviso las actividades del Centro Pastoral donde se encuentran las oficinas de la arquidiócesis. También ayudo al arzobispo con las confirmaciones y otras actividades pastorales. Cuando él no puede estar presente, yo lo represento. Y teniendo en cuenta mi origen una de las áreas en las que trato de ayudarlo es con el ministerio hispano.

El Pueblo: En su experiencia ¿qué es lo que más se malentiende del papel de un obispo?
Monseñor Gomez: La gente en general tiene un gran respeto por le ministerio del Obispo; al mismo tiempo percibo que la gente necesita comprender mejor que el ministerio del obispo es el de llevarnos a Dios con el ejemplo de la vida y su servicio a Dios y a los demás.

El Pueblo: ¿Cuál es su principal alegría en su papel como obispo?
Monseñor Gomez: Estar con la gente. Conocer sus inquietudes y participar en sus penas y alegrías. Durante el tiempo de Pascua tuvimos confirmaciones y estuve por toda la arquidiócesis. Es maravilloso ver que la gente joven está tan interesada en las enseñanzas de la Iglesia y de que están creciendo en su fe. Esa es la alegría más grande: estar con la gente y tratar de ayudarlas a crecer en su conocimiento y su práctica de la fe católica. También tengo la oportunidad de celebrar misa en la parroquia Madre de Dios y para mí eso es una gran alegría.

El Pueblo: ¿Cuál es el principal desafío para un obispo de ser pastor y maestro?
Monseñor Gomez: El de ser capaz de decir siempre la verdad sobre la fe y hacerlo de modo caritativo para que las personas puedan descubrir la verdad en las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo. Creo que el desafío es lo que San Pablo llama: “enseñar la verdad con caridad”.

El Pueblo: Monseñor, ¿y el principal desafío en su papel de administrador?
Monseñor Gomez: El gran desafío es equilibrar el trabajo administrativo con la propia vida espiritual y el ministerio pastoral. El trabajo administrativo es muy absorbente –existen parroquias y escuelas y el centro pastoral–. Pero al mismo tiempo necesitamos encontrar el tiempo para estar con Dios y con la gente y para responder a sus necesidades pastorales. El otro desafío para mí es el de transformar el trabajo administrativo en una fuente de unidad con Dios y con la gente de la arquidiócesis y el de ayudar a las personas a que comprendan que cuando ven al obispo como un administrador, él cumple esa función al servicio de Dios y de ellos.

El Pueblo: ¿Cómo siente hoy ser un obispo después de tres años?
Monseñor Gomez: Es una gran bendición. Cuando fui ordenado recibí la plenitud del sacerdocio. Es el don más grande que he recibido en mi vida. En la misa, nosotros los obispos decimos que somos indignos siervos. Así es como me siento: un indigno siervo de Dios y del pueblo de la arquidiócesis. Pero comprendo que esto es una gracia de Dios, un regalo extraordinario. He tratado de darme totalmente al servicio de Dios y del pueblo de la arquidiócesis. Es un gran desafío porque estoy aprendiendo a ser obispo. Dios mediante, puedo ser de utilidad para el arzobispo y para el pueblo fiel de la arquidiócesis. Espero ser siempre generoso en responder al llamado de Dios.

El Pueblo: ¿Ser obispo es muy diferente de lo que pensaba tres años atrás?
Monseñor Gomez: (Risas) Yo no sabía cuáles eran las actividades y funciones, que era lo que en la práctica significaba ser un obispo. Todo ha sido nuevo para mí. Tengo que confesar que estoy un poco sorprendido con el trabajo administrativo. Pero comprendo que es absolutamente necesario. Pero es una hermosa realidad ver el amor que el pueblo tiene para el oficio del obispo. Desde que vine a Denver, a Colorado, he sido cordialmente bienvenido por todo el pueblo de la arquidiócesis. Ha sido un gran gozo para mí.

El Pueblo: ¿Cuáles son los desafíos particulares de ser un obispo hispano en Estados Unidos?
Monseñor Gomez: Las necesidades del pueblo hispano en Estados Unidos son tan grandes que algunas veces nos agobian. Los hispanos traen muchos dones a la Iglesia en Estados Unidos, lo que es una bendición de Dios. Al mismo tiempo necesitamos seguir fortaleciéndolos en la fe, de tal manera que puedan practicar su fe en una cultura diferente y en diferentes circunstancias, y seguir permaneciendo fieles a sus tradiciones.
Creo que otro aspecto de mi labor como obispo hispano es el de ayudar a las diferentes culturas a ser más abiertas entre sí y a ayudarse mutuamente, y a aprender la una de la otra de tal manera que todos podamos comprender mejor la universalidad de la Iglesia.
Somos la Iglesia católica, y católico significa "universal”, por lo que creo que sería una gran bendición si todos tratáramos de trabajar como Iglesia universal, como la familia de Dios en los Estados Unidos.
Yo estoy convencido de que la presencia de los hispanos en los Estados Unidos es una gran bendición de Dios para toda la Iglesia en los Estados Unidos y todos tenemos que sentir que Dios nos ha llamado a estar aquí para ayudar a que la fe católica se extienda y se haga más sólida en la vida de este país.

El Pueblo: ¿Cuáles son sus objetivos en la pastoral con los fieles hispanos y qué progreso se ha dado al respecto?
Monseñor Gomez: Ante todo, el estar presente entre los hispanos, el ayudarlos a sentir que ellos pueden contar conmigo como pastor. He estado tratando de cumplir ese papel de presencia entre los hispanos yendo a diferentes comunidades, visitando las parroquias. Estamos haciendo muchas cosas más allá de las actividades usuales, como la confirmación. Tenemos una misa mensual para los jóvenes hispanos de la arquidiócesis. Hemos tenido el Encuentro 2000, la canonización de San Juan Diego y muchas otras actividades.
El segundo objetivo es la formación en la fe. Creo que probablemente ésta sea la necesidad más grande de los hispanos en la Arquidiócesis de Denver y en los Estados Unidos. Para eso hemos inaugurado el Centro San Juan Diego, que fue posible gracias a la generosidad de la Catholic Foundation de la Arquidiócesis de Denver y muchos donantes hispanos entre otros. Es una hermosa realidad. Ofrecemos muchos programas: formación en la fe –incluyendo certificación de catequistas y de ministros juveniles-, retiros y otras muchas actividades. Otro de los objetivos del Centro es el de ser una iglesia acogedora – proporcionando a los recién llegados una atmósfera de bienvenida para ayudarlos a ser parte activa de la sociedad. Para ello, el Centro ofrece inglés como segundo idioma, un programa de administración de pequeños negocios y otros muchos programas. El Centro también colabora con diversas agencias de la ciudad y el Estado que ayudan a servir a los hispanos de Denver.
Otro de los objetivos es el de promover vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Estamos trabajando en ese largo y lento proceso y creo que estamos ayudando a la gente a sentir que pueden responder a un llamado de Dios para servirlo en la vida religiosa. En el seminario hispano de ciudad de México (Seminario hispano de Nuestra Señora de Guadalupe), tuvimos recientemente la ordenación sacerdotal de un diácono de la diócesis de Yakima en el estado de Washington, quien ha sido el quinto seminarista formado en el Seminario Hispano que se ha ordenado sacerdote.

El Pueblo: Cuál es su relación con ese seminario?
Monseñor Gomez: El Arzobispo de la ciudad de México, Cardenal Norberto Rivera, como parte del llamado del Santo Padre para que la Iglesia en América esté unida como un solo continente, abrió un seminario para formar a candidatos al sacerdocio de comunidades hispanas en Estados Unidos. Él me pidió que colabore con él, yo represento al seminario hispano en Estados Unidos.
Quisiera agradecer al pueblo de la arquidiócesis por su apoyo y por sus oraciones. Quisiera pedirles también que sigan rezando por mí para que sea generoso en mi servicio a Dios y al pueblo de la arquidiócesis. Además, quiero que sepan que pueden contar con mis oraciones por cada uno, por sus familias y por sus necesidades en la vida diaria.