Homilia 3er Domingo de Cuaresma

Mons. José H. Gomez
Obispo Auxiliar de Denver


Hermanas y hermanos en Cristo:

“El agua que yo le daré se hará en el manantial de agua que brotará para la vida eterna” St. Jn. 4, 14

Las lecturas de la Misa de hoy nos hablan del agua como fuente de vida. El agua es un elemento indispensable para la vida y la salud, tanto en lo humano como en lo espiritual. El agua es esencial para la vida humana, y el agua que satisface la sed espiritual es la gracia de Dios.

Es una imagen muy apropiada para la celebración del día de hoy porque en cierto sentido nuestros Candidatos que hoy son recibidos en comunión plena y  que recibirán los sacramentos de la Confirmación y la Sagrada Eucaristía, empiezan una nueva vida. La vida de la gracia en la Iglesia Católica al servicio de Dios y de los demás.

El relato de Moises y los Israelitas en la primera lectura de la Misa de hoy, nos da una idea de las dificultades y las alegrías del pueblo escogido, en su larga jornada hacia una relación más profunda con Dios. El pueblo necesitaba de Dios y de los demás, pero algunas veces se olvidaron de Dios.
“En aquellos días, el pueblo, atormentado por la sed, siguió murmurando contra Moises: ‘Por que me has hecho salir de Egipto para que ahora me muera de sed con mis hijos y mis animales?…” Ex. 17, 3-7.

También nosotros tenemos la tendencia como pueblo y como individuos de olvidarnos de la presencia de Dios entre nosotros. En especial cuando las cosas no van bien o no entendemos algo o pedimos algo y no se nos concede de inmediato.

Para ustedes que hoy son recibidos en comunión plena con la Iglesia y reciben los Sacramentos de la Confirmación y la Sagrada Eucaristía, esta idea es muy importante porque Dios está siempre con nosotros y entre nosotros. No se olviden nunca que Dios está con ustedes siempre.

En la Segunda lectura, San Pablo nos dice que la fe, la esperanza y el amor ayudan a seguir en el camino. Dice que la fe en Jesús dará la esperanza y la esperanza ayudará a soportar las dificultades que se puedan encontrar en la predicación del Evangelio de Jesús. San Pablo continúa diciendo que “La esperanza no nos desengaña, porque el amor que Dios nos tiene se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que él nos ha dado” Rom.5, 1-2, 5-8.

El principio de una “vida nueva” es un tiempo especial y de grandes retos. Ustedes vienen a la Iglesia porque quieren tener una relación personal con Jesucristo. Es emocionante pero difícil. Es una meta alta que no se alcanzará totalmente hasta que lleguen al Cielo, pero que es possible porque “el amor que Dios nos tiene se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu”

En el Evangelio de hoy, Jesús va de camino a Galilea y se detiene en un pueblo de Samaria. Está cansado del camino y se detiene para descansar y tomar agua para después seguir su camino. Lo que parecía un evento ordinario se convirtió en revelación divina. La mujer samaritana, pecadora, reconoce a Jesús como un profeta y él se le revela como el Mesías: “Ese soy yo, el que habla contigo” St. Jn. 4, 26.

La gracia realiza un cambio impresionante en esta mujer. Desde ahora su mundo entero se centra en Jesús. Se le olvida la razón por la que fue al pozo; deja la jarra y se vuelve al pueblo para contarle a los demás su descubrimiento. (Cf. Sagrada Biblia. Universidad de Navarra. Evangelios y Hechos).

Esto mismo les sucede a ustedes el día de hoy. Han tenido un encuentro personal con Jesús y Él les pide que tengan fe en Él y que compartan su descubrimiento con los demás.

Este acontecimiento nos muestra como se desarrolla el proceso de evangelización, empezando con el entusiasmo de la Samaritana. Dice San Agustin que lo mismo pasa a quienes están fuera y no son Cristianos: reciben la Buena nueva de Cristo a través de amigos cristianos. Como la Samaritana conocen a Cristo a través de la Iglesia; vienen a Cristo, es decir, creen en Cristo a través de las noticias que oyen. Jesús se queda con ellos dos días y muchos más creen y creen más firmemente, que Él es el Salvador del mundo”
(Cf. San Agustin en Sagrada Biblia, Universidad de Navarra, Evangelios y Hechos).

Nuestro tiempo es tiempo de fe. Fe es lo único que da seguridad y sentido a nuestra vida. Somos hijos de Dios. Creemos en la existencia de Dios. Un solo Dios y tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Creemos en la vida, enseñanzas y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Nuestro Salvador y Redentor.

Nuestra misión consiste en compartir este precioso regalo con los demás: “Puesto que los fieles cristianos tienen dones diferentes, deben colaborar en el Evangelio cada  uno según su oportunidad, facultad, carisma y ministerio…” Concilio Vaticano II, Ad gentes, 28.

Seguramente están pensando, ¿Cómo puedo hacerlo?

Con la ayuda de la gracia del Espíritu Santo. Los Dones del Espíritu Santo que hoy reciben.

Son  cualidades que Dios da al alma y que la hacen sensible a los movimientos de la gracia y facilitan la práctica de la virtud. Hacen que el alma esté alerta a la voz interna y silenciosa de Dios. Se puede decir que los Dones del Espíritu Santo son el “lubricante” del alma, así como la gracia es el poder del alma (Cf. La Fe explicada, p. 110).

Los Siete dones del Espíritu Santo son: Sabiduría, Inteligencia, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios.
En el Evangelio de hoy, Jesús le pide agua a la Samaritana: “Dame de beber”. Ella se sorprendió y le dice: “Como tú … me pides de beber a mí…?” Jesús sigue teniendo sed de nuestra fe. Nos pide el agua de nuestro compromiso de fe.

En seguida, le dice Jesús a la Samaritana: “Si conocieras el don de Dios y quien es el que te pide de beber, tú misma me pedirías a mí, y yo te daría agua viva”

El don de Dios es el Espíritu Santo y el agua viva es la gracia de Dios. Este tiempo de Cuaresma es para todos, tiempo para una conversión del corazón, para escuchar a Dios y levantarnos si nos hemos caido. Es tiempo de abrir nuestros corazones al Don de Dios, el Espíritu Santo, y buscar el agua viva, la Gracia de Dios, que nos llega a través de los Sacramentos.

Pidamos a María Santísima, nuestra Madre, que interceda por nosotros para que renovemos nuestra fe al principio de esta “nueva vida” que ustedes comienzan. Vida de fe que nos da sentido, seguridad y alegría.

“El agua que yo le daré se hará en el manantial de agua que brotará para la vida eterna” St. Jn. 4, 14