Conferencia de Prensa

 
 

Comentarios de Monseñor José H. Gomez, S.T.D.

 

San Antonio, Texas 12-29-04

Este es un momento de mucha alegría, pero también de mucha emoción. Por eso les pido que me perdonen si no encuentro las palabras para expresar todo lo que tengo en el corazón.

Quisiera agradecer al Santo Padre, por su confianza en mí. Juan Pablo II ha sido Papa durante la mayor parte de mi sacerdocio. De muchas maneras él encarna lo que un sacerdote y obispo deberían ser. Recibir esa tarea de él es un inmenso don.

También quisiera agradecer al Señor Arzobispo, Monseñor Flores, y a los Señores Obispos, Monseñor Zurek, Monseñor Flanagan y Monseñor Popp por su amistad y calurosa bienvenida. Monseñor Flores es un hombre de bondad y gracia fuera de lo común. No hay ninguna manera en la que yo pueda reemplazarlo. Pero sí prometo honrar su ejemplo, sirviendo a la Iglesia y al Pueblo de Dios con todas mis fuerzas. A partir de hoy, esta diócesis es mi casa. A partir de hoy, esta diócesis es mi familia. Nada podría ser una bendición más grande en mi vida.

A mis hermanos sacerdotes y diáconos de la Iglesia en San Antonio: les ofrezco mi amistad y apoyo. También les pido que me tengan paciencia y me ayuden. Voy a necesitar las dos cosas. A todas las religiosas, religiosos y laicos de la arquidiócesis – Latinos y Anglos, de todos los estados de vida – por favor, recen por mí, para que llegue a ser el obispo que Dios quiere, y el obispo que nuestra Iglesia necesita. Con todo mi corazón, quiero ser obispo para todo nuestro pueblo.

A veces, las personas que viven aquí pueden no darse cuenta de la importancia de la Iglesia de San Antonio para toda la comunidad católica de los Estados Unidos. Cada diócesis tiene una vocación especial, así como cada persona. Yo creo que Dios quiere que esta Iglesia – nuestra gente de San Antonio – sea testigo de reconciliación entre lo antiguo y lo nuevo, entre culturas e idiomas; testigo de celo por Jesucristo y una nueva señal de la confianza que tenemos en nuestra fe católica como instrumento para que nuestro país encuentre de nuevo sus raíces Evangélicas.

Muchos ya me preguntaron cual es mi plan como nuevo arzobispo. Mi “plan” es escuchar y conocer antes de que pueda tener cualquier tipo de plan. No soy un desconocido aquí. Algunos de ustedes saben que mi madre creció en San Antonio, y mis abuelos maternos se casaron aquí en San Antonio, en nuestra Catedral de San Fernando. También he realizado trabajo pastoral como sacerdote en Houston y San Antonio por 14 años. Así que tengo muy buenos amigos de mis años en Texas – y conozco la Iglesia aquí, porque me ayudó a formarme. Venir a San Antonio es para mí venir a casa.

Pero también tengo mucho que aprender. Francamente, hoy estaría muy asustado si estuviera en cualquier otra diócesis. Lo que me consuela aquí en San Antonio es que sé que puedo contar con buenos profesores y hermanos – y el espíritu muy generoso de la mejor ciudad en Texas.

Quiero agradecer a Monseñor Carlos J. Chaput, O.F.M., Cap., Arzobispo de Denver, por enseñarme a ser obispo con el ejemplo de su humor, paciencia y su inmenso amor a la Iglesia. Estaré eternamente agradecido a los sacerdotes y los fieles de la Arquidiócesis de Denver, quienes me prepararon para la nueva vida que empiezo hoy.

También quiero agradecer a mi familia por su cariño, y por el apoyo que me han dado en mi sacerdocio y en mi vocación. Dos de mis hermanas están conmigo hoy, y a ellas les quiero decir de un modo muy especial: Gracias por ser fieles al testimonio cristiano que nuestros padres nos dieron a lo largo de sus vidas.

Finalmente, y sobretodo, agradezco a Dios por mi sacerdocio, y a Nuestra Señora de Guadalupe por guiarme a esta nueva familia de tantos católicos buenos y fieles.

Que Dios me dé la gracia para construir sobre todas las bendiciones que hasta ahora he recibido.

 

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