Es un asunto de honestidad: para recibir la comunión, necesitamos estar en comunión

Mayo 26, 2004

Las relaciones tienen consecuencias. Ellas moldean lo que hacemos. Esto es verdad en nuestras amistades, en nuestras relaciones laborales. Es incluso profundamente más verdadero en el matrimonio.

Cuando un hombre y una mujer se enamoran y se escogen el uno al otro en el matrimonio, ellos también eligen dejar de lado otras opciones. Ellos se someten a si mismos el uno al otro. Ellos renuncian a ciertos
derechos sobre sí mismos como consecuencia del amor, y asumen ciertas responsabilidades. Las alegrías y dolores, los hijos, los auto-sacrificios, los préstamos para comprar autos y las hipotecas que vienen con el matrimonio forman parte de la historia que comparten. Esa es la razón por la cual la infidelidad es siempre una herida seria en el matrimonio. No es sólo una forma de mentir. Es también un acto de violencia contra un vínculo de confianza muy íntimo.

No es por casualidad que los católicos siempre han descrito a la Iglesia en el lenguaje del matrimonio y familia. La Iglesia es "la novia de Cristo". La Iglesia es nuestra "madre y maestra". La Iglesia es la familia de los "hijos e hijas de Dios en Cristo". La Iglesia es una red de relaciones basada en la relación más importante de todas: el don de sí mismo de Jesucristo para nosotros en la Eucaristía por nuestra salvación. Esa relación tiene consecuencias -o debería tenerlas- para cada una de las decisiones que tomamos.

Ninguno de nosotros se gana el don del amor de Cristo. Ninguno de nosotros "merece" la Eucaristía. Las palabras del centurión son tan verdaderas hoy como lo fueron hace 2,000 años: "Señor no soy digno de que entres a mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme" (Mt. 8, 8).

Como católicos, creemos que la Eucaristía no es sólo un símbolo o una cena sagrada o un importante rito que expresa nuestra comunidad. Es más bien, literalmente, el cuerpo y la sangre de Jesucristo. Es Su
presencia viva en medio de nosotros. Esto es lo que distingue la fe católica de casi cualquier otra denominación protestante. En efecto, es una de las creencias católicas centrales que la Reforma Protestante terminó "protestando".

La Eucaristía sigue siendo hoy la fuente y cumbre de la vida católica. Y como cada generación de católicos ante nosotros, debemos tomar las palabras de San Pablo muy seriamente: "quien sea que por tanto come del pan o bebe de la copa del Señor indignamente, es reo de profanar el cuerpo y la sangre del Señor" (1 Cor 11, 27). También deberíamos recordar las palabras de San Justino, el gran mártir del Siglo II: "nadie debe tomar parte (en la Eucaristía) a menos que crea que lo que enseñamos es verdad, ha recibido el Bautismo para el perdón de los pecados y para un nuevo nacimiento y vive cumpliendo lo que Cristo enseñó".

¿Cuál es el mensaje para los Católicos? Hace 50 años muchos de nosotros evitábamos recibir la comunión como consecuencia de un excesivo temor de nuestros propios pecados. Hoy en día, demasiados de nosotros recibimos la comunión inconscientemente, como un reflejo, sin ningún sentido de la urgente necesidad de nuestro auto-examen, nuestra humildad y nuestra conversión. Peor aún demasiados católicos reciben el Cuerpo y la Sangre de Cristo incluso cuando ellos ignoran y niegan las verdades de su Iglesia.

Cuando pecamos de robo, mentira, adulterio, soberbia, murmuración, ira, envidia, dureza de corazón hacia los pobres, pornografía o indiferencia no vivimos "cumpliendo lo que Cristo enseñó". Nos alejamos por nuestras propias acciones de la amistad con Dios. Eso significa que necesitamos volver al sacramento de la Penitencia antes de recibir la comunión. En efecto, muchos de nosotros hoy necesitamos una devoción más profunda a la confesión simplemente para recuperar la comprensión básica de la gracia y el pecado.

Del mismo modo, si ignoramos o negamos lo que enseña la Iglesia o rechazamos lo que enseña, no estamos "en comunión" con la fe católica. Nos separamos de la comunidad de creyentes. Y si aún así recibimos la comunión, nos comprometemos con una mentira.

Reclamarse católico y luego rechazar las enseñanzas católicas es un acto de deshonestidad y una falta de integridad personal. Peor aún, si entonces recibimos la comunión, violentamos a cada católico que si cree
y trata de vivir la fe plena y generosamente. Y eso constituye un pecado contra la honestidad como un pecado contra la justicia y la caridad. Nuevamente como decía San Justino mártir : "nadie debe tomar
parte (en la Eucaristía) a menos que crea que lo que enseñamos es verdad".

Si nosotros decimos que creemos en Jesucristo y en la Iglesia católica entonces tenemos que actuar en consecuencia, sin recortes, hasta el fin, todo el tiempo, con todo nuestro corazón, incluyendo nuestras vidas en el ámbito público.

El actual debate mediático sobre "la negación de la comunión a los políticos católicos" está lleno de ignorancia sobre la Iglesia y sobre el sentido verdadero de la Eucaristía. Negarle la comunión a alguien es un asunto sumamente grave. Debería reservarse para casos extraordinarios de escándalo público. Pero la Iglesia siempre espera que los católicos que están viviendo un pecado grave o que niegan las enseñanzas de la Iglesia -ya sean funcionarios altamente visibles o anónimos feligreses- tengan la integridad de respetar tanto la Eucaristía como a los fieles y se abstengan de recibir la comunión.

Una de las ironías de este extraño año electoral es el número de no-católicos, ex-católicos y anti-católicos que han desarrollado una repentina piedad sobre quien debería recibir la comunión y cuando. Demos gracias a Dios por ellos. Cada vez que la Iglesia es criticada, Ella se entiende mejor a sí misma y se ve purificada. Y cuando es purificada entonces puede servir mejor al Señor.

Estamos en un tiempo para la Iglesia en nuestro país en la que algunos católicos -demasiados- están descubriendo que se han convertido gradualmente en no-católicos que van a misa. Esto es triste y difícil,
y es un juicio sobre una generación de liderazgo católico. Pero talvez sea el momento preciso de verdad, que la Iglesia necesita.

Nota: La arquidiócesis ofrecerá una tarde especial de conferencias y discusión sobre "La Fe Católica y la Participación ciudadana", el miércoles 9 de junio de 7:00 p.m. a 9:00 p.m. en el Bonfils Hall en el John Paul II Center. Todos son bienvenidos. La admisión es gratis. La conferencia será ofrecida por Timothy Dore, director de la Conferencia Católica de Colorado; Sergio Gutierrez, director arquidiocesano de comunicaciones; y Fran X. Maier, canciller de la arquidiócesis. La conferencia será en inglés.