'Gracias por toda su ayuda, queridos religiosos, pero ahora cállense'

Por qué la fe está y pertenece al centro del ámbito público

Mayo 05, 2004

Cada año electoral la Iglesia atraviesa la misma extraña circunstancia:
los católicos explican su fe, y el mundo les pide que se callen. Cada año electoral, como parte de su misión (Mt. 28, 19), la Iglesia habla de los temas morales que moldean nuestros debates políticos. Ella nos recuerda que si nos llamamos "católicos", necesitamos actuar como tales, practicando nuestra fe en nuestros asuntos de negocios, en nuestras relaciones familiares, en nuestro servicio público y en nuestras opciones políticas: incluyendo aquellas que hacemos ante la urna electoral.

Jesús pidió a sus discípulos ser levadura en la sociedad, en otras palabras, darle a la sociedad vida nueva por el poder de su testimonio.Él nos estaba hablando a ti y a mí. Esa es nuestra vocación como creyentes, ser levadura. Y en un mundo infectado por el pecado, Karl Barth, captó con gran precisión lo que esa vocación significa cuando dijo: "el sólo unir las manos en oración es el comienzo de una revuelta contra el mundo".

Los Evangelios no fueron hechos para ser una colección de piedades reconfortantes y privadas. Fueron hechos para cambiar el mundo. Cualquier cosa menos vigorosa que ésta es indigna del sacrificio que Cristo hizo para redimirnos. Jesús señaló al mal con claridad. Él siempre actuó por amor. El verdadero amor nunca es débil, y nunca busca "co-existir" con el pecado. Jesús llamó a los hombres a la conversión.

Como Sus seguidores, tenemos la misma tarea, incluso mientras nos arrepentimos y buscamos nuestra propia conversión. Predeciblemente, cada año electoral, aparecen críticos que tratan de silenciar a los católicos advirtiéndoles insistentemente acerca de "la separación Iglesia y estado". Pero éste, es un argumento vacío y frecuentemente deshonesto por dos razones.

Primero, porque si bien no es asunto de la Iglesia el apoyar a candidatos o partidos políticos específicos, si tiene la obligación -y el derecho constitucional- de hablar enérgicamente sobre asuntos sociales, económicos y políticos a la luz de Jesucristo, y de guiar a los católicos mediante su enseñanza. La Iglesia traicionaría la misión que Cristo le dio si no lo hiciera.

El testimonio religioso siempre ha jugado un papel activo en la vida política de los Estados Unidos. Cuando a los poderosos les gusta lo que la Iglesia hace, Ella es "profética". Cuando no les gusta, es"intrusa". ¿Tan rápido nos hemos olvidado del movimiento por los derechos civiles? ¿Aún recordamos a César Chavez? Eliminar la religión de los debates de política pública y de las ánforas nos haría más superficiales e ignorantes; talvez más "apacibles" - pero no más seguros.

Segundo, incluso los más ardientes partidarios de la separación de la Iglesia y el estado suelen estar muy contentos de aceptar la ayuda de la Iglesia y frecuentemente su liderazgo en atender a los pobres, los enfermos, los hambrientos, los incapacitados mental y físicamente, los sin techos, los trabajadores inmigrantes y los niños de los suburbios. Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Denver, es el proveedor no-gubernamental más grande de ayuda a los pobres en la región de las Montañas Rocosas. De hecho, el servicio católico a los necesitados y sufrientes funciona 24 horas al día, a lo largo de todo el Norte de Colorado. En otras palabras, lo que la "separación Iglesia y estado" realmente significa en un año electoral es, "Gracias católicos -y creyentes de otras religiones- por toda su ayuda, pero ahora cállense". No podemos darnos el lujo de ser engañados, este año o cualquier otro año, respecto de lo que significa y cuesta ser seguidores de Jesucristo. Lo que realmente creemos acerca de Dios siempre influye en como interactuamos con el mundo. Sino lo hace, entonces nuestra fe es una palabra vacía. Si decimos ser católicos, entonces tenemos que conformar nuestros corazones y acciones a nuestra fe: en la urna electoral, en nuestro trabajo, en las caridades que apoyamos y en nuestra conducta personal.

Con o sin la aprobación de los poderosos, la Iglesia sirve a los pobres -desde el niño no nacido hasta el inmigrante indocumentado- cada día de cada año. Deberíamos sentirnos orgullosos de ello. Deberíamos dar gracias a Dios por ello. Y como sus hijos e hijas, debemos apoyarla con nuestras oraciones, nuestra ayuda financiera y nuestro coraje en el ámbito público.

El Llamamiento del Arzobispo a los Católicos (Archbishop Catholic Appeal
- ACA) es una fuente vital de recursos para docenas de ministerios eclesiales desde el trabajo con los sin techo, los discapacitados y las familias con problemas de Caridades Católicas hasta los servicios para inmigrantes y adultos mayores hasta el ministerio hispano y el ministerio de cárceles y prisiones, hasta las escuelas de catequesis y de Biblia católica, hasta el Proyecto Raquel, el Ministerio de Jóvenes y la Formación de Seminaristas y Diáconos. Tu apoyo al ACA hace posible estos importantes trabajos.

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